Pasión por

Tania, Marcos, Nines e ilona.
Cuatro enamorados de la danza que hace ya más de ocho años, decidieron unir sus energías para abrir La Candela.
Conoce a nuestros profesores.

Marco. Escuela de baile La Candela.

Marco valero

Lleva el flamenco en la sangre, tiene alma de artista y en su mente bullen fandangos y bulerías, a los que da forma como coreógrafo.

Marco Valero nació en Madrid pero su familia materna, de origen gaditano, le contagió el duende del flamenco desde que tuvo uso de razón. “Mi abuela es gitana, de Jerez de la Frontera, y vivía con nosotros. Entre ella, mi madre y mis tías maternas me inculcaron el amor al flamenco. En casa se cantaba y se bailaba, era algo que fluía desde que entrabas y dejabas la cartera del colegio”.

Con ocho años empezó a asistir a clases de baile pero sus primeros pasos profesionales no los dio en ese campo, sino en el de la escultura y la cerámica. Llegó a tener una tienda de artesanía exótica en Algete pero el baile seguía siendo su pasión y, al final, ganó la partida. “Para mí el flamenco no es sólo un baile o música, es una forma de entender la vida y el mundo. Me hace mejor, más positivo”.

Esa “forma de entender la vida” le ha llevado a seguir aprendiendo con los mejores en la Escuela de flamenco Amor de Dios, la meca del flamenco en Madrid, con “El Pipa” en Jerez de la Frontera y con Soshi Israeli en Cobeña. “Lo mismo que ha veces nos faltan palabras en el lenguaje, siento que me faltan palabras en el flamenco, por eso me gusta seguir aprendiendo”.

Ha actuado en Holanda, Israel, Croacia y Portugal. Desde hace ocho años vuelca en un riconcito de Algete, en el estudio de danza “La Candela”, ese aprendizaje y esa pasión por el flamenco que lleva en la sangre. “Los principales valores que atesora la escuela son los componentes artístico y humano. No se puede montar un negocio artístico pensando sólo en el dinero, por que se fracasa. El arte y el dinero se llevan muy mal. El trato con los alumnos es personal. Mimado al máximo”.

Tatiana. Escuela de baile La Candela.

Tatiana Yavorskaya

Bella y tranquila, pero enérgica, Tatiana es el cerebro de La Candela.

Empezó a bailar casi antes que a caminar. Sus recuerdos de infancia están plagados de pas á deux y de plies.

Nacida en Rusia, la cuna de los más grandes bailarines de la historia de la danza clásica, Tatiana lleva el baile en los genes. “Cuando mi madre se iba a trabajar, ponía música y daba vueltas hasta que me caía. Con seis años empecé a ir a una escuela de baile y llegué a asistir a tres al mismo tiempo. Si me dolía algo, cuando iba a baile se me pasaba. El peor castigo era no ir a danza. El baile es mi vida desde pequeña”, dice convencida.

Cuando llegó el momento de elegir camino profesional no tuvo dudas, se licenció en Coreografía, Pedagogía y Técnicas de interpretación de la danza y llegó a ser directora artística del grupo coreográfico de la Universidad Estatal de Cultura y Artes de Kiev. Después vinieron las actuaciones como bailarina y sus inicios como profesora en el Conservatorio estatal de Moscú.

Hace quince años visitó España por primera vez. Vino de vacaciones pero el destino quiso que ese viaje cambiara su vida para siempre. “Viajé con mi hermana a Madrid y conocí al que ahora es mi marido. Después volvimos a Rusia pero él es extremeño y conquistador y, al final me conquistó –dice con un sonrisa pícara-. Cuando vine a vivir a España tenía un poco de miedo por que ni siquiera conocía el idioma, pero es un país acogedor, la gente es muy abierta y me sentí muy a gusto enseguida”.

Ahora Tatiana luce con orgullo el traje de faralaes en sus actuaciones y taconea con la soltura de quien siente de verdad el flamenco. “Es muy difícil para una rusa bailar flamenco, pero me encanta porque permite expresar mucho. Los españoles son buenos bailarines en general, se nota que son latinos y saben transmitir muy bien”.

Angelines. Escuela de baile La Candela.

Ángeles González

Simpática y extrovertida, ha asumido el papel de relaciones públicas de La Candela, además de enseñar flamenco a sus “niños”.

Así llama Ángeles cariñosamente a sus alumnos. También a ella le atrapó el baile desde pequeña. “Mi abuela me decía que bailase y yo me lo inventaba. Era una autodidacta, tocaba las castañuelas y taconeaba sin saber”.

Comenzó a asistir a un modesto estudio de danza del madrileño barrio de Tetuán. Lo suyo era el flamenco y empezó a dar sus primeros pasos en la compañía de la escuela. Sus profesores enseguida se percataron de sus facultades, pero en su caso no fue nada fácil seguir ese camino. “Mi familia es muy humilde, mis padres están separados y yo vivía con mi padre. La profesora le dijo que tenía que seguir bailando, y mi padre se dejó las manos trabajando para poder pagarme los estudios en el Conservatorio de Danza de la calle Segovia”.

Durante un tiempo trabajó como administrativo contable, pero al igual que su compañero Marco Valero, siguió completando formación en la Escuela de flamenco “Amor de Dios”, con Olga Pericet.

Ha trabajado en varias compañías y como profesora antes de pasar a formar parte del equipo fundador de “La Candela”. “Bailar es una forma de vida. Cuando estás triste escuchas música triste y cuando estás contenta, escuchas música alegre, pero realmente estás metida dentro de la música y expresas con tu cuerpo tu estado de ánimo.

Para ella, una de las mayores satisfacciones es ver la evolución de los alumnos más pequeños. “Ver a una niña de tres años que viene sin saber mover las manos, que con cuatro ya te las riza, con cinco te taconea y con ocho te baila perfectamente, es lo que te motiva cada día”.

Ilona. Escuela de baile La Candela.

ilona Yavorskaya

Tiene porte de modelo y una mezcla de dulzura, paciencia, empatía y creatividad que vuelca en sus clases.

Ahí, con los alumnos, es como disfruta esta rusa que decidió seguir de niña los pasos de su hermana Tatiana. “Veía a mi hermana con sus vestidos y quería imitarla. Comencé a enamorarme de la danza de adolescente, cuando salí al escenario y descubrí la magia del público y de los focos”.

Al igual que su hermana, Ilona se licenció en Coreografía, Pedagogía y Técnicas de la danza en la Universidad de Moscú.

También decidió seguirla cuando la mayor de las Yavorskaya se instaló en España por amor. “Para mí es mi segunda patria”, dice. Aquí ha seguido formándose en Artes Escénicas. Además, Ilona es miembro del Consejo Internacional de la Danza de la UNESCO y de la Society of Dance History Scholars, de Estados Unidos.

Ama el baile, pero donde más disfruta Ilona es en el terreno de la enseñanza. “Me siento, sobre todo, profesora. Cuando era adolescente, la danza era para mí el feedback del público y una herramienta para expresarse. Ahora es, sobre todo, el feedback de los alumnos, ya sean pequeños o adultos”.

Tiene claro que cualquiera puede bailar, el secreto es “saber abrir las capacidades de cada alumno, sacar el artista que lleva dentro”. Viéndola sobre el escenario marcarse unas bulerías o una soleá nadie diría que Ilona nació a muchos kilómetros de la cuna del flamenco, aunque reconoce que para ella no resultó fácil.

UNESCO debería haber proclamado mucho antes el Flamenco como patrimonio de la humanidad, “pero nunca es tarde si la dicha es buena”.